Dejar ir
Los budistas hablan mucho de impermanencia. Todo cambia. Todo pasa. Incluido lo bueno. Incluidos los que amamos. Incluidos nosotros mismos. Es la primera de sus Cuatro Nobles Verdades.
No es una doctrina triste, aunque lo parezca. Es, paradójicamente, una liberación. Si todo va a cambiar, entonces nada es definitivo. Ni la mala racha. Ni el error que cometiste. Ni la tristeza de hoy.
El problema es cuando nos aferramos a que algo dure siempre: una relación, un trabajo, una forma del cuerpo, un estado de ánimo. Ahí empieza el sufrimiento. No por la pérdida, sino por la resistencia a la pérdida.
Practica hoy un pequeño dejar ir. Tira una cosa que guardabas por si acaso. Perdona mentalmente un agravio viejo. Termina una conversación ficticia que llevas años teniendo con alguien. Verás cómo, al dejar ir, aparece espacio. Y en el espacio hay, por fin, aire para lo nuevo.