El arte de envejecer bien
Cicerón escribió un pequeño tratado titulado De senectute, «Sobre la vejez». Tenía sesenta y tres años. En el libro defiende, con cariño y humor, que la vejez no es una desgracia. Sólo lo parece cuando uno llega mal preparado.
¿Cómo se prepara uno? Cuidando el cuerpo antes de que falle. Cultivando amistades antes de quedarse solo. Aprendiendo disciplinas que no dependan de la fuerza física. Acercándose a la sabiduría.
La vejez, decía Cicerón, tiene placeres propios: la conversación pausada, la lectura, la contemplación de la naturaleza, la memoria de lo vivido. Placeres que los jóvenes, en su prisa, no saben saborear.
No podemos evitar envejecer. Pero sí podemos elegir cómo. Si empiezas a cuidar desde los cuarenta tu cuerpo, tus vínculos y tu interioridad, a los setenta tendrás una madurez rica, no un declive. Es una inversión larga, la más larga. Pero la única que, al final, seguro que vas a necesitar.