Archivo 2015

Habitar el silencio

Imagen ilustrativa de «Habitar el silencio»

Vivimos rodeados de ruido. Ruido de fuera —notificaciones, pantallas, conversaciones cruzadas— y ruido de dentro: pensamientos que vuelven una y otra vez al mismo surco. Con tanto estrépito, se olvida lo que era estar simplemente quieto.

El silencio no es ausencia. Es una presencia distinta. Quien ha caminado por una montaña al amanecer, o se ha sentado frente al mar cuando nadie miraba, lo sabe: en el silencio aparece un fondo que normalmente no oímos.

Los monjes cistercienses, los yoguis del Himalaya, los místicos sufíes: todos, sin haberse conocido entre sí, llegaron a la misma conclusión. Hay que darle al silencio al menos unos minutos al día.

No hace falta retirarse a una cueva. Basta con cerrar los ojos diez minutos, soltar el teléfono, escuchar la respiración. El silencio es la puerta de casa; siempre ha estado ahí, esperando que te decidas a entrar.