La Vía Láctea desde el pueblo
Los abuelos se acuerdan. Cuando en agosto salían a tomar el fresco al portal, sin luz eléctrica en la calle, el cielo se llenaba de estrellas. Se veían las constelaciones sin esfuerzo. Y en el centro, la Vía Láctea como un río de leche cruzando el firmamento.
Hoy casi nadie la ha visto. Las farolas, las pantallas, las ciudades iluminadas veinticuatro horas, nos han robado una de las vistas más antiguas y más hermosas que acompañaron a la humanidad desde siempre.
Dicen los astrónomos que tres de cada cuatro europeos nunca han visto la Vía Láctea. Es una privación cultural de la que apenas hablamos.
Si puedes, escápate una noche a un sitio sin farolas. Agosto, luna nueva, lejos del pueblo más cercano. Túmbate de espaldas y mira durante media hora. Verás entonces lo que todos nuestros antepasados vieron. Entenderás, sin que nadie te lo explique, por qué hicieron dioses con esas luces.