Lo que nos enseñan los árboles
Un roble no se apresura. Durante cien años crece despacio, raíz abajo, copa arriba, sin preocuparse por si los otros árboles ya son más altos.
La naturaleza tiene sus propios ritmos, y quien la observa con paciencia aprende lecciones que ningún libro de autoayuda puede dar.
Los árboles, descubrieron los científicos recientemente, se avisan entre ellos cuando hay plagas. Comparten recursos a través de redes de hongos subterráneos. Se cuidan los viejos a los jóvenes. Una comunidad, sin palabras, sin prisa, pero tejida con hilos invisibles.
Imita al árbol: crece hacia la luz, hunde tus raíces, no compitas por ser más alto, ayuda al que está cerca. Si alguna vez dudas sobre cómo vivir, da un paseo lento por un bosque. Te lo explicará todo, sin hablar.