Llamar por teléfono, no mandar un mensaje
En los últimos veinte años hemos decidido, sin darnos cuenta, que llamar por teléfono era una invasión. Que mandar un WhatsApp era más educado. Que así respetamos el tiempo del otro, le dejamos responder cuando puede.
Hemos ganado eficiencia. Pero hemos perdido una de las formas más intensas y más antiguas de contacto humano: la voz en tiempo real.
En una voz cabe lo que no cabe en un texto. El matiz, la duda, el silencio, el ríe que sólo tú reconoces. Los psicólogos han demostrado que una llamada de diez minutos con alguien querido tiene el efecto fisiológico que un mensaje escrito no consigue en años.
Llama hoy a alguien a quien quieras. Sin agenda, sin motivo concreto. Sólo para oír su voz y que oiga la tuya. Es un regalo casi perdido. Vuelve a ponerlo encima de la mesa.